jueves, 11 de julio de 2013
Introducción a este Blog
Amo escuchar, entregarme al sonido y comprender el mundo a través de él. Compartir con otros esta experiencia puede ser una dicha cotidiana, por eso creé este blog.
Ubicación:
León de Los Aldama, GTO, México
martes, 25 de junio de 2013
Sonando tan lejos, tan cerca
En la música, como en las relaciones humanas, la distancia
ha dejado de ser un problema. Hasta hace un par de décadas la simultaneidad en
tiempo y espacio de los intérpretes era una condición obvia, no hacía falta
buscar en la partitura si debían de estar dentro o fuera de la sala de
conciertos. En el siglo XIX se usó con frecuencia que algún instrumentista estuviera
fuera del escenario para lograr efectos sonoros, Mahler y Puccini, por ejemplo, recurrieron a
esta estrategia en sinfonías y óperas, pidiendo que se emitiera el sonido
detrás del escenario o entre el público en la parte alta del teatro. Pero
todos, ejecutantes y público, estaban
dentro del mismo recinto.
Hoy la tecnología nos permite esquivar la distancia, un
ejemplo fascinante es el cuarteto para cuerdas y 4 helicópteros, Helikopter-streichquartett, que Karlheinz Stockhausen estrenó en 1995,
donde subió a cada miembro del cuarteto en un helicóptero; la música es el
resultado de la combinación de las cuerdas, motores, viento y todos los sonidos
que produce ese medio de transporte. El público tiene acceso a la obra gracias
a la ingeniería en audio que la reproduce en la sala de conciertos. Ejecutantes
separados entre sí y separados del público que recibe en tiempo real la música.
Si se puede hacer desde casa una maestría en una universidad
que está en otro continente o hacer reuniones de trabajo con personas ubicadas en
varias partes del mundo a través de cualquier video conferencia ¿porqué no
hacer un coro virtual? Eric Whitacre, compositor y director norteamericano, se
lo planteó en 2009 y formó un coro que, según su página, tiene 5903 cantantes
viviendo en diferentes países, interpretando piezas corales con grupos
extraídos de este enorme coro diseminado; un hangout de google + es el medio
para que este director trabaje con sus cantantes a distancia, mira el resultado:
http://www.youtube.com/watch?v=D7o7BrlbaDs&list=RD02an7rBVAAiUw
y http://www.youtube.com/watch?v=aN3SZNb_Xa8&list=RD02an7rBVAAiUw
Su coro se presentará en la Gala del Festival de Coronación
de Buckingham Palace este mes de Julio de 2013, con una obra comisionada para
dicho evento, habrá que escucharla.
Desde la década de 1880, con la popularización del
fonógrafo, se dio la separación espacial
entre los intérpretes y el público, seguramente esto trajo una revolución en la
recepción de las obras, pues el público no pudo aplaudir ni tirar jitomates a
los músicos y ellos tampoco pudieron obtener una retroalimentación directa por
su trabajo. El público se mal acostumbró a conformarse con el sonido grabado y el
compositor se desvinculó, a mediados del S. XX, de los destinatarios de sus
obras. La separación que presenciamos en el siglo XXI proviene de la etapa de
la producción musical, del momento en que se crea y se ensaya ¿qué revoluciones traerá esto en la
creación y la recepción musical?
martes, 28 de mayo de 2013
Hasta siempre, José Covarrubias
Existimos un tipo de personas que usamos una brújula musical
para orientar nuestra vida, somos un minúsculo número comparado con los amantes
de la música que la usan como el soundtrack de su vida: nomás los acompaña a
todos lados pero en realidad no pesa en ninguna de sus decisiones. José y yo
pertenecíamos a ese grupúsculo de embelesados al sonido, por eso nos hicimos
amigos, de hecho él fue el primero que tuve cuando llegué a vivir a León.
Cuánto agradezco su generosidad, abrirme las puertas de su
conocimiento, su colección de discos, sus libros, partituras y sus contactos musicales. En él
no había mezquindad ni los típicos celos profesionales que descalifican
venenosamente a un colega, había una persona que gozaba con toda intensidad la
música y el compartirla con quien quisiera escuchar mientras bebía una Pepsi
Max repleta de hielos. Tuve la fortuna de tener animadas conversaciones, de
sentarnos a oír música nueva, de tocar juntos, el su cello y yo mi piano, de compartir muchos momentos con amigos
comunes y con nuestras respectivas familias.
José Covarrubias estudió guitarra y violoncello, destacando
como cellista en música de cámara, amaba el repertorio para cuartetos y tenía
un conocimiento profundo acerca de ellos.
Duetos, tríos, cuartetos, pequeña orquesta… desde que lo conocí, hace 14 años, siempre
estaba trabajando en un proyecto de camerístico. Fue en dos ocasiones director
de la Escuela de Música del Instituto de Cultura de León, allí y en otras
instituciones dejó una huella enorme en sus alumnos, basta leer lo que le han
escrito en su muro de Facebook en donde todos hemos compartido un duelo virtual,
fenómeno luctuoso único de nuestro tiempo, dicho sea de paso. Además de interpretar
y enseñar, que eran sus principales actividades, también compuso música e hizo
trabajos de investigación musicológica. En sus últimos años trabajó con el
Enxamble Felipe Villanueva rescatando y dando a conocer al público la música
mexicana de cámara del siglo XIX.
Estoy segura que muchas personas compartirán el sentimiento
de agradecimiento y se sumarán a este pequeño homenaje de despedida. ¡Hasta
siempre, querido José!
jueves, 25 de abril de 2013
De chía, de horchata y de piano
De inspiración acuática hay
música en todos los géneros y épocas, pero hay dos piezas que conjuntan el
timbre del piano y el sonido del agua logrando una evocación tan elocuente que
uno termina salpicado: Las
Fuentes de Villa de Este (S. 163) de Franz Liszt y Juegos de Agua de Maurice
Ravel.
La primera fue compuesta en 1877
y en 1901 la segunda, las separan 24 años y etiquetas un tanto arbitrarias que
tildan a uno de romántico y al otro de impresionista como si las obras no pudieran
tener una identidad propia que trascienda el contexto histórico en que fueron
creadas. Más allá de lo que arrojen los análisis armónicos, yo diría que son acuáticas,
satisfacen la necesidad de expresar el inefable sonido del agua.
El musicólogo Alfred Einstein
explica con sencillez un fenómeno propio del siglo XIX: “La música instrumental
se convirtió en el medio preferido para expresar lo que no podía decirse, para
comunicar algo profundo que la palabra era incapaz de transmitir”. Además, una
nostalgia por la naturaleza rondaba la cabeza citadina de los compositores,
colándose en sus obras a través de descripciones sonoras como los truenos que
anuncian una tormenta, el piar de los pájaros o el ulular de un remolino.
En estas piezas para piano podemos
percibir la cristalinidad, el salpicar de gotas, la fragmentación de un chorro,
la sensación de la corriente, el blop blup de la inmersión o el plim de una
gota que se estampa insertadas en música de alta calidad.
Para un observador atento los
sonidos del agua son fascinantes,
variados en ritmo, altura y ataque; son música en sí mismos. Huyo de los
CDs de relajación que usan el sonido del agua como fondo de melodías
chabacanas, no deja de llamarme la atención cómo las personas oyen esos discos
pero cuando tienen la oportunidad de escuchar la lluvia en vivo cierran sus
ventanas y se ponen a ver la tele; pasan de largo frente una fuente y nunca
asoman la cabeza en un pozo para escuchar el sonido de una piedra que se tiró
un clavado.
Al escuchar ambas piezas me queda
claro que Liszt y Ravel se abandonaban a la fascinación sonora que produce el
líquido vital en movimiento, por eso compusieron estos sonoros juegos de agua.
[Versión original del artículo publicado en la Revista Cultural Alternativas]
sábado, 16 de marzo de 2013
Beauteous Benjamin Britten
Los hechos son elocuentes, un compositor que
alrededor de 1937, poco antes de la 2ª Guerra Mundial, fue un pacifista activo
y vivió afuera del clóset con el tenor Peter Pears, nos hace pensar en un
hombre de profundas convicciones y congruencia. El tránsito de su juventud
controvertida a una vejez condecorada por la Reina Isabel II con la Orden del
Mérito es jugosa lectura al alcance de todos en la red. Aquí echaremos un vistazo a un fragmento de su
música.
Benjamin Britten fue inglés, nació en Suffolk en
1913; este simple hecho lo colocó en una cultura musicalmente conservadora, que
hacía referencia constante a los compositores que vivieron en la época de los
Tudor, como William Byrd, o de la Revolución Inglesa, como Henry Purcell. Britten y sus coetáneos: Tippett, Elgar, Vaughan
Williams, Holst y Walton son considerados la generación que causó un
resurgimiento musical en el Reino Unido porque produjeron música con personalidad propia, que no estaba
atada “al grandioso pasado” y que tampoco era una versión insular de las
vanguardias continentales de aquel momento.
Su trabajo abarcó todo tipo de géneros: Ópera, música
orquestal, de concierto, de cámara, vocal, coral, bandas originales para cine y
ballet. De sus casi 100 obras catalogadas voy a esquivar con dolo las famosas Guía de Orquesta para Jóvenes, Réquiem de Guerra o la Ópera Peter Grimes, y hablaré brevemente de: Les Illuminations.
Britten creó un ciclo de canciones para tenor o
soprano y orquesta tomado Les
Illuminations, un ciclo de poemas en prosa que Arthur Rimbaud escribió
alrededor de 1873 durante una estancia compartida con Paul Verlaine en Londres,
altamente significativa para el joven poeta que avistaba entonces nuevas
fronteras expresivas.
Una buena forma de
celebrar que apaga, simbólicamente, 100 velitas este año, es escuchando cómo
Britten da vida musical a los “…escalofríos (que) se levantan y gruñen, y el furioso sabor de estos efectos
cargándose de los silbidos mortales y las roncas músicas que el mundo, allá
lejos tras nosotros, lanza sobre nuestra madre de belleza, - ella retrocede, se
yergue. ¡Oh!, nuestros huesos se han revestido de un nuevo cuerpo amoroso” [1]
[1] RIMBAUD,
Arthur. Fragmento de Being Beauteous
del ciclo Les Illuminations.
Traduccida en el siguiente sitio: http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/R/Rimbaud,%20Jean%20Arthur%20-%20Iluminaciones.pdf
La versión de esta obra cantada por Peter Pears se
puede escuchar en:
http://www.youtube.com/watch?v=mdRxkR16wls
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domingo, 24 de febrero de 2013
De lo lúdico en la Música
Cuando
pensamos en un compositor que toma nota en un pentagrama de la música que la
inspiración le dicta estamos frente a una fantasía popular ya trasnochada. Un
compositor es un elector que toma un conjunto de pequeñas decisiones que
conforman la música: qué tan agudo o grave quiero un sonido, cuánto tiempo ha
de durar, de qué fuente va a provenir, a qué volumen ¿piano o forte?, con qué
otros sonidos lo voy a combinar
simultáneamente, dónde voy a colocar ese sonido para que tenga cierto sentido… y
así con cada uno de los miles de sonidos que puede tener una pieza.
Crear
música es un acto de conciencia fundamentado en una o más creencias. Pareciera
que con el paso del tiempo cambia el ritmo, la armonía o los instrumentos
musicales pero en el fondo lo que realmente cambia son las creencias que
tenemos sobre la música y en el abrazo de una nueva idea el creador toma miles
de pequeñas decisiones sonoras diferentes.
A
mediados del siglo pasado, por ejemplo, Messiaen y más tarde Boulez creyeron
que esas decisiones deberían estar
tomadas basadas en una serie numérica que determinara qué notas, duraciones y
dinámicas usarían, haciendo oídos sordos a cualquier insinuación melódica que
alguna musa decimonónica les susurrase y constriñéndose a acatar los mandatos
de la serie que ellos mismos eligieron. Simultáneamente, John Cage ahuyentaba a la misma musa y decidía
no decidir. Creyó que era mejor dejar al azar las elecciones y hacer del
proceso creativo un asunto un tanto mas juguetón, que decida el I
Ching, pensó, y lanzó monedas al aire para que dictaran el do re mi y
demás elementos de la música.
Alrededor
de 1951 dos creencias completamente opuestas, el serialismo integral y la
aleatoriedad en la música, produjeron 2 retoños: Estructuras I para dos pianos
de Pierre Boulez y Music of Changes de John Cage, respectivamente. Las ideas
subyacentes y los métodos eran diferentes, lo único que tenían en común era
cierta ojeriza contra la Euterpe melódica que todos llevamos dentro. Es curioso
que estas piezas teniendo genéticas opuestas parezcan primas a primera vista,
escúchenlas y verán.
El
juego, sea intelectual y complejo o relajadamente azaroso, es una
representación de la realidad que nos permite explorarla de forma protegida y
placentera, por eso es una condición básica de la creatividad musical.
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