miércoles, 4 de noviembre de 2015

La migración material del sonido

Los humanos buscamos adueñarnos de lo que nos da placer para que esté a nuestra disposición, para que se repita a nuestro antojo, pero ¿cómo poseer un arte que es sonoro? Eso ha sido uno de los problemas que han tratado de resolver los músicos durante siglos: materializar el sonido sublime para poder manipularlo, llevarlo, traerlo, reproducirlo  ¿cómo atrapar algo fugaz? 

La memoria fue durante siglos el único contenedor de la música pero, como es un saco roto, por lagunosa e infiel fue sustituida por inscripciones en estelas funerarias o en pergaminos, estas inscripciones perduraban en el tiempo pero carecían de precisión. En el siglo IX comenzaron a escribir caracteres quironímicos sobre los textos de libros eclesiásticos que dibujaban giros melódicos, que si bien no indicaban una altura concreta al menos daban una idea de cuándo se hacía más aguda o grave la melodía asociada a las oraciones o salmos.

Durante los siglos X, XI y XII se fue desarrollando dentro de la Iglesia Católica una forma de notación cada vez más preciso hasta que en el S. XIII terminó por establecerse un sistema que indicaba con claridad qué nota debería sonar y durante cuánto tiempo. Así, en los libros de coro de las abadías, se pudo contener música por primera vez en la historia, sin embargo solo unos cuantos podrían tener acceso a ella, solo los monjes educados podían abrir el libro y escuchar en su mente motetes polifónicos.

De los libros de coro y los cancioneros palaciegos cuidadosamente elaborados a mano, arte objeto y soporte material de las partituras, se pasó a los primeros libros impresos. Durante el siglo XVI, Ottaviano Petrucci y Pierre Attaigant desarrollaron técnicas de impresión para editar piezas renacentistas, popularizando así la posesión y reproducción musical.

Una partitura es como un mapa muy preciso y claro, pero un mapa nunca será el territorio que describe. No fue hasta 1857 en que se desarrolló un dispositivo capaz de grabar una vibración sonora, el fonoautógrafo; y 20 años más tarde, Thomas Alva Edison logró generar un cilindro de cartón, primero, y uno de cera sólida, después, en donde grabar las ondas sonoras y reproducirlas en un fonógrafo. Este es el punto de inflexión en la búsqueda de la posesión musical.

Desde el S. XX cualquier ignorante del solfeo puede apoderarse de la música si se adueña del soporte material que la contiene y del dispositivo para reproducirla. Puede escuchar ese todo que la compone: la intención con la que el intérprete emite los sonidos, su sello único para ejecutar alturas, ritmos o dinámicas; la vibración que se introduce en nuestro cuerpo y que jamás lograría penetrar ni con un ejército de plicas y neumas muy bien impresos. El fin de la autocracia musical, el principio ¿del comunismo? No, no es para tanto.

La música migró de un soporte material analógico al otro: de los cilindros a los discos de vinilo que comenzaron a popularizarse en la década de los 20 del siglo pasado y que se reproducían en un gramófono; luego al cassette de cinta magnética en los años sesenta, teniendo un auge en los años 80 gracias a que también se comercializó un reproductor portátil, el Walkman, que transformó con rapidez la cultura de escuchar música sedentariamente a la posibilidad de llevar la propia música a todos lados. Se podía escuchar lo que quisieras, donde quisieras, cuando quisieras, sin embargo aún se tenía el problema de tener que cargar con todas las cajitas de aquí para allá.

Los medios analógicos para contener música fueron reemplazados por medios digitales durante los 2 decenios finales del S. XX. En vez de atrapar el sonido en surcos u orientaciones continuas de partículas magnéticas se le  pescaba en una red de ceros y unos. Los legos de la tecnología pensábamos ¡qué locos esos que pagan tanto dinero por un Laserdisc, pudiendo comprar un cassette! Hasta que finalmente llegó al mercado una opción más económica, una verdadera plaga: el disco compacto.

A partir de que la música se pudo almacenar digitalmente a través de distintos formatos como MP3 o WAV, entre otros,  proliferaron diversos soportes materiales del sonido: CD, DAT, DVD, memoria flash, la memoria de una computadora, disco Blu Ray o reproductores de audio digital, tipo iPod, de los que actualmente hay de todos tamaños, colores y marcas en el mercado. Toda nuestra música en un solo lugar.

Los teléfonos inteligentes han dejado a un lado la idea de “coleccionar música” porque ahora podemos escuchar casi todo a través de la transferencia de archivos de audio por internet si nos suscribimos a las diversas fonotecas digitales que existen. Tenemos a nuestra disposición casi todo lo que deseamos escuchar ¡Es la Jauja de la disponibilidad sonora! Aunque paradójicamente ya no somos propietarios de nada más que de un dispositivo para conectarnos a una nube de música, todo vuelve a estar, como al principio, en una memoria, solo que ya no habita dentro de nuestra cabeza.

[Versión original del artículo publicado por Liz Espinosa Terán
en la Revista Cultural Alternativas en noviembre de 2015]


viernes, 9 de octubre de 2015

Musicofilia de Oliver Sacks

Oliver Sacks, el autor de Despertares, Los ojos de la mente y Alucinaciones, es una figura científica tan atractiva que sobre su vida y trabajo ya se ha escrito mucho. Entonces, supuse inútil escribir un articulo que hablara sobre este neurólogo británico, pero interesante el rendirle homenaje literario, un “adiós y gracias”, escribiendo lo único que puedo compartir extra: el íntimo efecto que su libro Musicofilia causó en mí.

Musicofilia es un libro donde Sacks presenta una colección de observaciones científicas que giran en torno al impacto que la música tiene en el funcionamiento del cerebro y cómo es un factor clave para la identidad humana.
Las personas que tienen una sensibilidad especial para la música pueden encontrar en él la respuesta a varias de sus peculiaridades, al porqué de las vivencias que les provoca.

Abarca un amplio aspecto de fenómenos que van desde lo más humanamente común, como la imaginería musical: esa capacidad que tenemos para escuchar en nuestra mente, hasta casos muy particulares como las alucinaciones musicales; la epilepsia musicogénica, en la cuál se desatan los ataques epilépticos a la escucha de cierta música, timbres o tonos; o la afectación que este arte produce en personas con Síndrome de Tourette o Enfermedad de Parkinson. Situarme dentro de ese gran abanico de posibilidades fenoménicas producidas por el sonido fue un alivio y un aliento.

El interesante trabajo de divulgación neurológica de Oliver Sacks nos informa cómo la música, nuestra capacidad para producirla o para disfrutarla a nivel emocional e intelectual puede ser, según el caso, la fuente de un baremo sintomático o una herramienta terapéutica. Relata, por ejemplo, cómo tras una lesión en la cabeza un melómano perdió temporalmente la respuesta emocional a la música; mientras que otra persona, después de haber recibo la descarga eléctrica proveniente de un rayo, se llenó de una pasión musical repentina acompañada de una inspiración creativa que jamás había experimentado. Narra hechos donde se  manifiesta que la música puede poner en marcha un sistema motor inhibido o dañado; facilita la capacidad de organizar los pensamientos, movimientos o de ayudar a seguir secuencias intrincadas en personas con lesiones en el lóbulo frontal y con autismo; y confirma el gran poder narrativo y nemotécnico que puede hacer que una persona sana contenga grandes volúmenes de información, razón por la que ha sido usada con fines de transmisión de la cultura desde la antigüedad.

A lo largo de la vida he ido descubriendo con alegría y sorpresa los efectos que la música tiene en mi persona. El cómo puedo valerme de ella para estar bien en los términos más amplios: para estar sana, serena y plena. La música que entra por mis oíos es tan poderosa como los alimentos que entran en mi sistema digestivo. Leer a Sacks me ayudó a confirmar este poder nutricional, de estimulación, de expresión sintomática y de ayuda terapéutica que tiene la bendita música. Me agradó también saberme normal, aunque padezca Gusanos auditivos (fragmentos musicales que se repiten de manera incesante en la mente) y a la vez anormal por tener Musicofilia, un entusiasmo apasionante y una necesidad continua de música que sale fuera de la campana de Gauss. ¡Gracias Oliver Sacks!

[Versión original del artículo publicado por Liz Espinosa Terán en la Revista Cultural Alternativas en Octubre de 2015]



jueves, 24 de septiembre de 2015

Fémina Sonora: Irasema Terrazas


Irasema Terrazas es una cantante mexicana exitosa e increíblemente versátil, ha interpretado todos los géneros dramáticos musicales: desde óperas barrocas hasta contemporáneas; oratorio; zarzuela y opereta; ha participado en grandes producciones teatrales como El Fantasma de la Ópera donde interpretó a Christine Daaé, lo que le valió el premio a la mejor protagonista que otorga la Asociación de Periodistas Teatrales;  ha doblado voces en películas ultra taquilleras producidas por Walt Disney: Enredados, Mulan II, Lilo y Stich, entre otras. También ha cantado canciones artísticas (Lied); música de cámara y sinfónica con los mejores ensambles y orquestas del país; es especialista en interpretación de música barroca; y francamente no canta nada mal las rancheras,  cosa que no siempre logran los cantantes académicos porque a veces el “Me cansé de rogarle…” les sale como aria de Verdi. Comparte su experiencia realizando labores docentes como profesora de asignatura en la Escuela Nacional de Música de la UNAM y en el Conservatorio Nacional de Música. Su currículum es impresionante, su capacidad interpretativa también. Por si esto fuera poco combina su vida profesional con la crianza de un hijo y el cultivo de una pareja. ¿Cómo puede una cantante abarcar tantos géneros y estilos musicales con tanta gracia? y ¿Cómo equilibra la vida personal con su   potente carrera en el día a día?  En la siguiente entrevista saciará nuestra curiosidad.

Liz: Cada uno de los géneros y estilos que has cantado, Irasema, tiene particularidades interpretativas y retos técnicos muy diferentes ¿Cómo te enfrentas a estos retos?

Irasema: La versatilidad es algo que busqué conscientemente pero también la vida me fue poniendo esas oportunidades en forma de audiciones o de invitaciones a un trabajo en concreto. Dentro de ello, tengo que estar constantemente atenta a la técnica vocal que he estudiado desde que me inicié en el canto, que es la clásica, debido a que es en la que mi voz se siente libre y bien conducida. En mis incursiones en el terreno del musical de Broadway o del doblaje de Disney tengo que estar atenta a que -dentro de su propio estilo- también sea una escritura musical que acepte mi tipo de voz y mi emisión clásica. No trato de cambiar el estilo inherente a estos géneros pero digamos que les pongo mi estilo personal, un poco mezclado hacia lo clásico. No me aventuro en estilos que sé que no haría yo bien o que podrían en riesgo aspectos técnicos que considero importantes; para todos los estilos vocales hay cantantes especializados y hay mucha gente estupenda por lo que hace con su voz y que se educan a eso desde el comienzo. Te diré, eso sí, que en mi caso aceptar estos proyectos diversos me ha hecho ser dúctil tanto vocalmente como en posturas artísticas; trato de tener adaptabilidad, aprendizaje y respeto al abordar todos los estilos y alimentar el trabajo con la interacción con los demás cantantes y/o actores de un proyecto dado. En los inicios de mi carrera no estaba exenta del miedo de abordar cosas nuevas, el criterio para saber en cuales adentrarme fue dándose con los años. En la música barroca me inicié desde niña y luego cumplí sueños personales con un posgrado especializado -en Suiza-, esa época del arte está muy cerca de mi amor por la música y del porqué comencé a estudiarla. En términos generales, una vez aceptado o escogido el proyecto y convencida que puedo aportar algo a la obra y de que tengo interés artístico por ella, leo el texto/argumento. En mi propio camino me he dado cuenta de que mi proceso personal me dicta familiarizarme con el personaje y eso me facilita el trabajo meramente musical, proceso casi contrario a lo que se aprende en las escuelas de música. Ahora bien, una vez ya en el estudio de la música, cada estilo tiene sus propias dificultades, soy muy meticulosa pues tuve una formación musical exigente y con un enfoque de respeto por cada creación musical, y soy incisiva en las precisiones de solfeo. Disfruto mucho esa etapa y cuando me toca descifrar música con dificultades técnicas en su composición se vuelve un reto personal y lo disfruto aún más. Lo mismo que amalgamar con otros instrumentos en la música de cámara. Vaya, pues suena a cliché pero verdaderamente disfruto hacer toda la música y trato de no mermarme con las dificultades que tiene cada estilo. Una vez que está listo todo el proceso de estructura, viene el hacerlo una y otra vez hasta hacerlo natural. De cierta manera, se trata de quitar los andamios que anteriormente se pusieron para sentir la obra en piel propia o para –como decimos en el canto- ponerla en gola y sentirla cómoda.

Liz: El imaginario popular sobre el quehacer de una diva y el trabajo que realiza en la vida cotidiana pueden ser muy distantes. ¿Cómo es el proceso desde que te proponen un proyecto y éste llega a ser una realidad que puede escuchar el público?

Irasema: Combino tareas de mamá y tareas de músico. Mi rutina empieza temprano por la mañana y sigue, según el día de la semana, con docencia o con una larga sesión de estudio en casa. Si es esto último, estudio texto, música y canto muchísimas veces en casa antes del primer ensayo en conjunto para el proyecto. Para eso, descifro música en el piano o voy con algún pianista a sesiones de coaching; vocalizo, estudio pasajes una y otra vez. Si estoy en el proceso de memorización mi casa se vuelve un marco bastante simpático conmigo hablando o cantando sola frases aisladas. Por lo demás, es una vida ordinaria en todos los sentidos sólo que rodeada de música.


Liz: ¿Qué recursos has desarrollado, como ser humano, para compaginar tu vida profesional con tu vida personal?

Irasema: ¡Agradezco esta pregunta! Yo creo que hay muchos caminos, pues cada quien tiene sus rutinas, sus complicaciones y dentro de ello, sus aciertos y sus errores. Vamos todos probando qué nos funciona. Por mi parte, mi pareja tiene una profesión artística también y eso nos ha dado mutuo entendimiento, incluso hemos estado juntos en proyectos; no es la única fórmula posible (creo que cada pareja tiene que hacer su propia fórmula) pero en nuestro caso, ha sido un elemento más de coincidencia en la vida. Por otro lado, también creo la profesión me ha ayudado a estar cerca de nuestro hijo, el cual llevaba a cada ensayo, representación y viaje hasta que cumplió cuatro años y hoy día (aún es pequeño) nos sigue acompañando constantemente a ambos en tiempos de trabajo. Yo digo que me dedico a dos profesiones de tiempo completo, ser madre y ser músico. La primera, por cierto es la más difícil –por mucho- y tiene prioridad. Muchas veces, mis tiempos personales y profesionales están mezclados. Estudio mi repertorio en casa, doy clases en casa, a veces, tengo ensayos con otros músicos en casa y todas estas actividades están permeadas por la presencia de mi hijo. Digamos que mi estudio en algunas ocasiones, se divide entre contar cuentos, facilitar colores o imágenes, etc. y concentración para descifrar música, leer libretos o memorizar roles; todo lo anterior, al mismo tiempo. Seamos francos, uno cree que todo el tiempo será una combinación de itinerario exacto pero en los hechos, se adapta uno a las necesidades del momento. Eso ha sido una enseñanza para mí en la vida. Si pensara que tengo que amanecer con la voz “arriba”, el menú infantil llamativo y nutritivo, el plan de ejercicio en la caminadora, la plática conyugal perfecta y la música ya resuelta, me volvería loca. Adaptabilidad y tolerancia, y dentro de ello, no perder las metas claras dentro de la crianza, que hay tantas. Los amigos que tengo se cuentan con los dedos de las manos y son comprensivos, y confiables. Han estado en mi vida desde antes de ser madre y ahora entienden que uno maneja tiempos distintos. Con mi marido buscamos el coincidir, no importa si son cinco minutos o cinco horas, tenemos jornadas irregulares que a veces son de lunes a domingo así que  nos adaptamos como mejor podemos. En mi trabajo, trato de llegar lo más preparada en mi estudio que pueda, porque sé que eso me da seguridad. Pero en fin que no busco ser la pareja, madre o cantante o amiga perfecta, eso nunca, ya no; sólo una que “está” y que disfruta su rol.


[Artículo publicado por Liz Espinosa Terán  para la Revista Odd Cantrina en Septiembre de 2015 http://oddcatrina.com/2015/09/femina-sonora-irasema-terrazas/ ]

lunes, 7 de septiembre de 2015

Entrevista al Ensemble Vertebræ: retos y placeres de interpretar música nueva

Todos los ejecutantes profesionales aprendieron en el conservatorio cómo interpretar desde la música antigua hasta la contemporánea. Cada estilo tiene sus peculiaridades y sería un error querer tocar una pieza de Bach con los parámetros interpretativos de Chopin. Sin embargo, en la música contemporánea no existe un uso común de los elementos, como en el estilo barroco o en el romántico, no hay uniformidad estilística que un estudiante pueda aprender como receta. Cada pieza plantea un reto interpretativo, la mayoría de las veces muy difícil. Por eso es que requiere de un alto grado de especialización que no cualquier músico desarrolla.

El Ensemble Vertebræ tiene precisamente la vocación de abrazar estos retos y permitir así que el público escuche la música pulsante, la música que refleja a las personas que vivimos hoy. Está formado por 2 mexicanas afincadas en Estrasburgo, Francia, la flautista Olivia Abreu y la pianista Anna Paolina Hasslacher. Ellas funcionan como la columna vertebral en una serie de proyectos en conjunto con intérpretes y compositores de México, Argentina, Inglaterra, Suiza, Italia, Francia, España, Austria e Irán, siempre alrededor del repertorio innovador de la 2ª mitad del S. XX e inicios del XXI. Una de las políticas del Ensemble Vertebræ es trabajar directamente con los creadores y estrenar piezas de jóvenes compositores, valdrá la pena ir a escucharlas durante el XLIII Festival Internacional Cervantino el próximo martes 20 de Octubre.

¿Cuáles son los retos al interpretar la música nueva?

Olivia: Regularmente las obras contemporáneas tienen una escritura que es más difícil de “descifrar” que las obras “clásicas”, por lo que la fase de primera lectura puede requerir mucho más tiempo para entender exactamente el significado de cada símbolo y qué resultado quiere el compositor. Puede haber varios parámetros que hay que seguir a la vez, lo cual requiere de una visión mucho más amplia y una gran concentración. Por ejemplo: notas, matices, cambios de tiempo, efectos sobre las notas, tipos de sonido, etc, que hay que mezclar y producir en una misma línea. El trabajo de ensamble también puede ser mucho más laborioso y tomar más tiempo. Hay que saber qué es lo que hacen las otras “voces” e incluso frecuentemente es necesario leer de la partitura general.

Anna Paolina: Primeramente, la gran variedad de estilos, notación y estructuras composicionales que encontramos en la música –sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX- es sorprendente; por lo que cada partitura impone nuevos métodos de trabajo tanto individuales como de ensamble; en cierta manera podría decirse que hay que pasar cada vez por un proceso de re-adaptación según la obra. Es complejo, pero la comunicación y capacidades de interacción que hemos desarrollado entre los integrantes del ensamble, sobrepasan las dificultades, para convertirse en un trabajo sumamente apasionante.

Por otro lado, por más increíble que parezca en el 2015, con todo el acceso a la información que hay, la música de vanguardia continúa siendo difícil de aceptar entre la mayor parte del público, por lo que los espacios y foros de conciertos abiertos a esta música están relativamente restringidos. Siempre ha sido difícil hacerse un camino dentro del medio musical, pero dentro del dominio de la música nueva, paradójicamente, lo es aún más.

¿Por qué merece la pena enfrentar esos retos?

Olivia: Creo que cuando uno ama lo que hace, los retos se convierten en placer. En la música contemporánea siempre habrá algo nuevo, cambios, evoluciones; cada compositor, cada obra es un mundo diferente y nunca termina de sorprendernos la novedad de esta música. El trabajo directo con los compositores es algo que nos fascina porque nos permite participar directamente en la primera fase de la creación de la obra. Además, la música contemporánea, a pesar de tener una escritura rigurosa, permite una libertad de interpretación que hace que cada ejecutante pueda apropiarse de la obra a su manera.

Anna Paolina: ¡Porque la música “contemporánea” es la que corresponde a nuestra época! Y así como la música de Beethoven, Stravinsky o Mahler fue rechazada en un principio, vale la pena defender la música que según nuestro criterio tiene un valor trascendental. En nuestra experiencia como ensamble, hemos podido impartir algunos conciertos didácticos, los cuales han tenido muy buena aceptación por parte del público. Estoy convencida de que antes de crear un gusto por la música –y el arte contemporáneo en general-, lo primero y más importante, es despertar en la gente interés y apertura. Y, finalmente, para nosotras vale la pena enfrentar los retos, porque simplemente es la música con la que nos sentimos identificadas, nos apasiona, nos conmueve y esperamos poder transmitir de alguna manera todo esto al auditor.

¿Qué criterios eligen para decidir qué obras van a interpretar?

Una de las filosofías del Ensemble Vertebræ es trabajar directamente con los compositores, así como hacer estrenos de jóvenes compositores. Lo que nos lleva frecuentemente a interpretar obras nuevas compuestas para el ensamble, así como obras de repertorio en países donde no han sido estrenadas. Además, siendo un ensamble creado por dos mexicanas residiendo en Francia, nos parece importante el intercambio cultural, por lo que incluimos obras de compositores latinoamericanos en la mayoría de nuestros programas. Otros elementos que tomamos en cuenta para la elección de las obras pueden ser la instrumentación, la temática del festival, la originalidad de la obra o el simple gusto personal.

¿Qué nos pueden decir sobre el programa que interpretarán en el Festival Internacional Cervantino?

La música latinoamericana es etiquetada comúnmente como “folklórica” y, sin intención alguna de menospreciar esta música tan bella, uno de los objetivos de este concierto es darle su lugar a los compositores contemporáneos latinoamericanos, quienes durante ya varias décadas han construido una poderosa voz propia poco valorada dentro de la música de concierto.

En el programa “Europa, Sudamérica y México: Música contemporánea para flauta y piano” el Ensemble Vertebræ toma como punto de partida dos obras maestras del repertorio contemporáneo en Europa: Presto de Beat Furrer (Suiza-Austria) y PPP de Philippe Leroux (Francia), para luego hacer un recorrido por la música mexicana y sudamericana de nuestros días, con obras de los 3 países homenajeados en el Festival Internacional Cervantino: Colombia, Chile y Perú.
Haremos 5 estrenos en México:  obras de Furrer, Leroux, Pedro Garcia Velasquez, Javier G. Compean y Víctor Ibarra; 3 serán estrenos mundiales: Gravitasson IIb (versión para flauta en sol y piano) de Juan Arroyo, Focus de Juan Pablo Muñoz y Fluxus turbulentus de Javier Muñoz Bravo, compuestos especialmente para el Festival.

Dentro del programa se encuentran dos compositores nacidos en León, Guanajuato. Nos parece pertinente y justo que dentro del Festival Internacional Cervantino -un festival guanajuatense- pueda dársele un valor a compositores originarios de este Estado, con quienes además tenemos una colaboración estrecha.

Focus, de Juan Pablo Muñoz es una obra para dúo (flauta/flauta en sol y piano) escrita especialmente para ser estrenada por el Ensemble Vertebræ en el FIC. Cuatro Miniaturas, Quinta Serie, de Javier Compéan, obra para piano solo, forma parte de un ciclo de miniaturas para piano. Esta obra será un estreno en México ya que el estreno mundial fue en París, Francia, por Anna Paolina Hasslacher en el pasado concierto del Ensemble Vertebræ.


http://www.festivalcervantino.gob.mx/eventos/ensemble-vertebrae/

[Versión original del artículo publicado por Liz Espinosa Terán en la Revista Cultural Alternativas en Septiembre de 2015]